TEXTOS

Reseña de Fernando Devesa

       En este difícil mundo de las artes, en el que todos se defienden de todos, es difícil encontrar a gente honesta, que trabaja y encara los desafíos con más y más trabajo mostrando siempre su compañerismo y buenas maneras con los demás. Una persona sana, sin envidias pero con mucha ambición; ese es Manuel Olivas, la persona que aprovechó la paralización del mundo durante la pandemia para precisamente echar a andar con paso firme y decidido sobre el asfalto y devolverle al mundo una grata sonrisa ante aquellos malos momentos. Primero con el dibujo y luego con la acuarela, Manuel nos ofrece su sinceridad llevadas a un soporte de papel. Tuve la oportunidad de conocerlo hace muy poquito, en la segunda edición de los Talleres de Pintura de José María Mezquita, Antonio López y Jorge   Abbad, organizados por España Creativa, pero este corto espacio de tiempo me ha bastado para conocerle. Pintor de unas acuarelas que huelen a Sanlúcar, a las aguas del Guadalquivir con las que nos cuenta su vida, su entorno y su manera de entender el mundo poniendo el alma en cada pincelada de una manera decidida, tomando el camino recto para llegar a la meta sin desviaciones. En su pintura, como en toda acuarela, no existen las correcciones, respeta la luz y el color para ir conformando poco a poco esa mancha que él lleva de manera acertada hasta el realismo y la figuración.

A diferencia de la mayoría de las acuarelas, la de Manuel no es una acuarela “suelta” porque está meditada, pensada y muy trabajada. Usa una manera de poner la pintura quizás más propia de otras técnicas como las del óleo o el acrílico, más cercana a la obra de José María Mezquita o incluso a la de Alberto Durero, que a la tradicionalmente utilizada por todo ese movimiento de los “Urban Sketchers”.

Pero además de la técnica, yo siempre he considerado muy importante que un pintor, tenga un firme y claro propósito de contarnos algo, que podamos incluso llegar a conocerle solo y exclusivamente contemplando su pintura, que se “abra en canal” para dejar ver qué lleva en su interior, su contexto, lo que lo rodea, y esto es precisamente lo que Manuel nos hace experimentar al contemplar su pintura. Un pintor que ejerce de embajador de su Sanlúcar natal, donde el marisco, el pescado, los langostinos inevitablemente ocupan un lugar privilegiado en su temática, y lo mejor de todo, no por capricho, sino por pura influencia de su entorno más inmediato, del mundo que lo rodea.

 

Fernando Devesa

Pintor

 

          

Reseña de Ignacio Estudillo

        En nuestro mundo de hoy —globalizado, turistificado y en el que la movilidad laboral está a la orden del día— nos vemos de alguna manera abocados a viajar a otros sitios interesantes, espectaculares, necesarios. Parece que esta idea de buscar fuera algo mejor nos hace creer, con bastante FOMO (miedo a perderse algo) me temo,que existe siempre un paisaje mejor, un motivo mejor para pintar. Porque el mundo es inmenso y hay tantas maravillas por descubrir. Cierto, pero ¿qué pasa si has nacido en Sanlúcar de Barrameda? Un apreciado rincón del paraíso que no deja de ser una tierra con sus costumbres.


Alejado de estas derivas inagotables, Manuel Olivas, después de sus idas y venidas vitales, vuelve a su tierra, su origen vital, el litoral gaditano en el cual encuentra una belleza y una verdad que lo convierten en el motivo principal de su trabajo pictórico. Pero no hay que confundir vivir en un sitio privilegiado, de ensueño, con alejarse de lo real. Manuel profundiza en su realidad cercana, elabora una taxonomía de su contexto. Los motivos de sus acuarelas van desde paisajes y bodegones a escenas diarias y anécdotas que le rodean. Una realidad compartida, rica y compleja, un trabajo sobre el costumbrismo que da cuenta de la
visión y la sensibilidad del autor. Una mirada que se proyecta sobre la esencia de lo cercano y lo querido,
y que busca transmitir ese encanto sencillo de lo cotidiano.


A pesar de ser un pintor que lleva relativamente poco tiempo en el mundo de la pintura, Manuel Olivas ya cuenta con una producción que recorre diferentes realidades plásticas que van desde sus comienzos en el dibujo hasta su pintura al óleo más reciente pasando, por supuesto, por la acuarela. Y es en esta técnica donde me voy a parar a desgranar un poco más su labor ya que Manuel, a pesar de este corto bagaje, ya ha cogido su estilo, su forma de hacer, de interpretar su realidad, de mostrar sus creencias. Es, sin ninguna duda, un autor de corazón y con intención.


Manuel encara gran parte de su producción desde la técnica de la acuarela. Una técnica que necesita de una valentía y una delicadeza muy difíciles de equilibrar: ante la aparente sencillez de los gestos visibles, existe el peligro de que no haya vuelta atrás. La ortodoxia de la acuarela dicta que uno empieza sobre la luminosidad del blanco del papel e intenta conseguir el nivel de representatividad adecuado manteniendo la luz mediante veladuras de color que tienen que estar muy bien puestas desde el principio para no ensuciar y entorpecer la mirada del espectador. Aquí Manuel se muestra como un pintor que dentro de la acuarela maneja sus propias formas, quizás más cercanas a otras técnicas pictóricas, una hibridación conceptual de los procesos pictóricos que elevan su trabajo a otra categoría. La acuarela de Manuel vive más de la insistencia y la paciencia que del primer brochazo estético. No son cuatro trazos a modo de apuntes, se trata de una delicada orfebrería que busca el detalle, el rasgo particular y el pequeño gesto que dota a la obra de un cariño y un respeto por aquello que se representa. Pero no deja de ser una pintura viva, nada abigarrada, que enseña soltura y precisión, algo que impacta al espectador y le secuestra la atención. Manuel propone un diálogo íntimo desde el tamaño mismo de los formatos que usa y que denotan esta forma en la que quiere centrar la relación entre el espectador y su trabajo.


Esta es la fuerza de la propuesta de Manuel Olivas. Por encima de gestos y simbologías, el trabajo de Manuel evidencia deseo por la belleza de la acuarela. Siempre tendremos que valorar, disfrutar y defender el arte que muestra con visiones nuevas la gracia y el cariño de lo ya conocido con la intención de salvar un mundo que compartimos y que se asfixia.

Ignacio Estudillo 

Pintor

 

Paco Pérez Valencia a Costa Noroeste TV sobre la exposición "Sanlúcar" - 2025

"Estoy realmente fascinado porque todavía en mi ciudad nos sigamos recordando el papel y valor de la belleza. En un mundo que está cayéndose ante nosotros que todavía el arte siga siendo una necesidad para mantener el aire fresco me parece un regalo. Bien porque el arte entre en nuestras casas. (...) La acuarela es una técnica elegida para los valientes, para los osados (...)  La obra de Manuel es increíble porque además llegas al detalle. Es capaz de hacernos sentir que estamos ante un algo que reclama tiempo en la mirada, no vale con pasar andando. Necesitas buscar con los ojos. Una obra fuerte, a pesar de su fragilidad o delicadeza (...) 

La utilización del agua de la desembocadura del Guadalquivir tiene un valor icónico o simbólico muy bonito. Ese concepto de apropiación de algo que tiene un valor real, lo símbolos son necesarios. La persona o el coleccionista que se lleve una pieza y se la lleve fuera tiene que estar pensando que se lleva también un poco de Sanlúcar (...)

Que haya pensado Manuel que la obra que le puede representar (cartel) es ese pequeño trozo de día en un atardecer en un ocaso... me ha parecido una obra maravillosa. Pero después cuando he visto ese valor con sentido del humor del Langostino en ese proceso como está del natural, cómo se cuece y cómo está una vez terminado, esa mirada con sentido del humor nos saca la sonrisa a los que somos de aquí. Es un humor de calor humano. Creo que para ser buen artista hay que ser buena persona, uno podría engañar al mundo mucho tiempo pero al final esas cosas se dejan ver. Esto que tenemos aquí reclama tiempo y paciencia."

Paco Pérez Valencia - Artista, Doctor en Bellas Artes y Museógrafo 

 

PRENSA

Documental Antonio López y el Canal de Castilla (II) del Taller de Pintura de España Creativa 
realizado en Paredes de Nava (Palencia)

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